Marta Rojas Valiente. Segunda Versión
De WikiNovela
Después de corregir, tachar, agregar y morirse de odio ante las comas, los adverbios o los puntos, Marta Rojas salía de su casa como un canario que han destapado a la mañana, a descubrir el sol como si acabaran de inventarlo. Le gustaba pasear por la rambla hasta la Sagrada Familia, donde tomaba un café en el bar alemán que abrieron el año que se mudó a Bilbao. Después, sigue por la Avenida Primat Reig hasta el la Plaza del Sol, en donde suele tomar otro café, quizás un refresco, después de mirar, maravillada e incrédula, el aquelarre de baratijas para turistas de los negocios adyacentes. Si le queda tiempo -tiempo siempre tiene-, vuelve a casa caminando.
Su silencio se vuelve metafórico -pues no parará de hablar, sin decir nada-, si en el piso la aguarda el viejo libidinoso y adinerado que la mantiene desde hace casi cuatro años. Marta siente un click en el cerebro, cuando dice la primera perogrullada, el primer marujeo, el primer tópico obsceno ante la pasividad senil y machista del viejo que la mantiene.
Marta no abandonará su discurso hasta que el viejo se vaya, a la mañana del otro día.
La mañana del siguiente día es hermosa, cuando el viejo no está. Enciende la radio, continúa la escritura de la wikinovela, y los locutores le sonríen las noticias horribles, y todo sigue su curso, y la brisa del Río de la Plata atraviesa, con la sutileza de un último suspiro, la ventana de su cuarto, perfumándole el estado de ánimo, y después llama por teléfono al padre, y a los pocos días vuelve a visitarla el viejo que la folla las pocas veces que consigue follarla, y después vuelve a pasear, y así, así sigue, sigue así, y la vida prosigue, y nada la detiene ni a ella ni a la vida, y apaga la radio después de haberla encendido después de haberla apagado después de haberla encendido después de haberla apagado, y el viejo vuelve otro día, y un día, sólo un día y no otro, Marta Rojas se morirá, y después seguirá ocurriendo lo mismo pero a otra gente.

